no te intimida

Fuera de lugar. Pablo Brescia

Publicado: 2012-07-31

El libro de cuentos Fuera de lugar de Pablo Brescia (Lima: Borrador Editores, 2012) define unidades de sentido a partir de las dos partes en que se divide el libro: “Lugar” y “Fuera”. El primero alude a los Estados Unidos, y las proximidades de su mundo letrado, incrustado en los campiranos suburbios de una país altamente civilizado. Son cuentos sobre lectores, escritores, poetas, en fin hombres de letras, entre la madurez y la vejez en los trances existenciales que eventualmente abren paso al delirio. El segundo refiere a escenarios diversos (Argentina, México, España) en los que el mundo letrado desaparece de los tópicos y más bien son los materiales de la genealogía fantástica sudamericana los que entran en juego como vectores sobre los que juegan los conflictos de distintos personajes. Aquí los protagonistas son más variados: un niño, una niña, un guardián de faros, una mujer con operaciones estéticas. Ambas secciones comparten como sustrato que las unifica la perspectiva de una mirada parcial, limitada a las posibilidades cognitivas coyunturales de sus protagonistas, que facilita el crecimiento de zonas opacas, intransitivas, presuntos puntos de origen de los acontecimientos exóticos que recorren los escenarios más bien apacibles de las zonas luminosas. En el ámbito de la teoría del cuento de Ricardo Piglia, presenciamos en cada cuento de Brescia las dos historias que entraña el modelo: la historia aparente y, la más importante, secreta, la que da forma desde el subsuelo a la aparente, pero que puede dejar su sitio en las sombras para completar el sentido de una historia que solo es la mitad de sí misma. Pero en los cuentos de Brescia esa encuentro entre dos caras de una misma moneda no se produce, aunque ambos queden perfectamente delineados, con lo cual presenciamos superficies sin causas aparentes. Ello es un mérito, porque la carencia de motivación racional es la que crea los efectos de mejor extrañamiento en el libro.

A mi entender, la sección “Lugar” encuentra su síntesis y mejor caracterización en el cuento “Frank Kermode”. Se trata de ubicar al legendario ensayista literario y crítico ya anciano, en la cocina de su casa, víctima de un despertar desconcertante por el deterioro de los años, en la proximidad de las cajas de sus libros embalados para una mudanza. El personaje de “Lugar”, como el Frank de este cuento, tiene una relación fetichista con los libros o la literatura, suerte de laso fatal, que al mismo tiempo actualiza el mito del hombre de letras como indisolublemente ligado a su oficio (una variante del mito del poeta, condenado a cantar sus poemas). El sitio de esta vinculación analógica con el texto literario o su aura es el suburbio norteamericano en una suerte de consolidación técnica del espacio-tiempo del intelectual latinoamericano en la vida doméstica en los Estados Unidos,  esta vez modulada por las señales que, en su desasosiego, le ofrece la literatura. Brescia consigue con especial soltura modular la historia aparente y la secreta de estos cuentos desde el contraste de voces narrativas, la superposición de interpretaciones de los hechos con preeminencia de la lectura literaria de la vida y el escamoteo de datos que prefiguran el horizonte de la historia subterránea.

En la sección “Fuera”, en cambio las apariciones de diversos verosímiles genéricos y espacios geográficos redefinen al funcionalidad de las técnicas que permiten interactuar a la historia secreta y a la aparente. En “Mire, por favor”, el monólogo de una mujer modificada físicamente por su amante consigue en la reiteración, en apariencia inofensiva, de la interpelación a mirar la alegoría de un modo de vida que rinde culto a la imagen personal. “Tristezas de aeropuerto” utiliza dos voces, una en primera persona y femenina, otra en tercera persona, focalizada en una contraparte masculina, que dan cuenta de un relación plagada de encuentros y desencuentros entre una mujer argentina y un hombre establecido en los Estado Unidos. La obsesión de ella es insoportable. Las voces se alternan en secuencias paralelas que permiten saltos en el tiempo y la cuidadosa administración del dato oculto. “El hombre sándwich” refiere el inexplicable y breve secuestro de un niño por parte de un hombre que porta avisos de madera sobre su cuerpo. Contado desde la mirada del pequeño, dejado al cuidado de un dependiente de cafetería, la opacidad de los hechos es producto de la pericia en la administración de la mirada infantil, cuyas limitaciones perfilan el reverso de la historia, el ámbito de lo no representado, que este no puede sino capturar como señales dispersas a disposición del lector. “Los acantilados de Tojimbo” expone la mejor conjugación de pericia técnica y vigor visionario de Fuera de lugar. Se relata la aparente maldición que pesa sobre los guardianes de un faro en el Japón cuyos acantilados frecuentan por igual suicidas y sus fantasmas. El recurso a las criaturas sobre naturales permanece en una inquietante ambigüedad puesto que pueden entenderse como figuras de miradas hipersensibles frente a la melancolía del paraje, a la evidente depresión que parece contaminar a los guardianes solitarios, o a una manera de comprender el recuerdo de los muertos afín con las variables culturales japonesas. Como fuese, ello se concentra en un lánguido policial sin detectives, donde las preguntas sobre las motivaciones de los suicidad permanecen en permanentes vísperas de explicación.

En “Los acantilados de Tojimbo”, el narrador enuncia sobre uno de los personajes una de las claves poéticas del libro: “se dio cuenta que en su vida habría pocos nuncas o porqués”. Fuera de lugar construye, sobre una prosa sosegada, un vigoroso aparato técnico que despliega con naturalidad las consecuencias menos imaginadas en las ceremonias de la cotidianidad sin brindar jamás explicaciones, solo pistas desperdigadas al tenor de un desosiego en sordina. Los personajes de Brescia pertenecen, a su modo, a ese linaje de personajes de psicología y propósitos intransitivos, aunque en general rodeados de un aura melancólica, que en la narrativa de Roberto Bolaño alcanzan una singular apoteosis. Pero en Fuera de lugar su trazo al servicio conjeturar un evento imposible o sobrenatural, diseñado bajo el conjuro de una historia secreta, consigue una muestra de original práctica artística. La singularidad de Brescia en el medio literario al que pertenece por nacionalidad, el argentino, también es digna de destacarse. En un medio en el que parece estandarizada la obsesión por inventar procedimientos creativos que conciten la atención sobre el carácter de artificio del relato, el autor se complace, por el contrario, en afirmar, por sobre el efecto estético de su arsenal de materiales y formas, el valor de la peripecia como eje vital del relato en un ámbito cosmopolita. Fuera de lugar es de lectura imprescindible para conocer nuevos derroteros del género fantástico en la actualidad.


Escrito por

Alexis Iparraguirre

Escritor y crítico literario


Publicado en

La vida en Marte

Opinión y crítica literaria