espera despierta

Novela suvenir. María Alzira Brum Lemos

Publicado: 2010-09-01

Cuando cerramos el siglo XX, si alguna carencia experimentaba el arte literario en nuestros países era la de propuestas originales y auténticas. Solo, mucho tiempo después, pudimos constatar, cuando entendimos que el arte no se mide por la proliferación de libros o de autores, que las ficciones poderosas andaban a la deriva: comprobamos, en la producción de esos años, que difícilmente se concebía a la literatura como un cosmos nuevo que galvanizar, que ya pocos se lanzaban a ejecutar esa magia. El arte literario como abracadabra, como furor imaginativo, estaba paralizado, quizá porque teníamos suficientes sobresaltos con el mundo inhóspito cotidiano. Pero en estos años hemos asistido al regreso de algunos magos y magas que narran. Cuando se leen los libros de María Alzira Brum nada impide disfrutar del brillo de la invención o de su magia.

En La Orden Secreta de los Ornitorrincos, Brum nos ofreció el sugerente invento de un hombre sin naturaleza humana. Sus protagonistas adquirían perfil propio en el movimiento de sus rasgos intercambiables y las identidades discontinuas no eran la alerta para el miedo o el asombro, sino una prueba tangible de la creatividad como condición humana. En Novela suvenir, editada por la novísima casa Punto de Narrativa de José Donayre y Aldo Ocaña, María Alzira Brum precisa el procedimiento creativo humano en la situación del artista. Concibe, con Italo Calvino, con su admirado Cortázar, que la literatura es el arte de las permutaciones, de las transformaciones que encuentran en el rizoma su mejor metáfora. Cito a Brum Lemos:

"El rizoma es un modelo propuesto por Gilles Deleuze según el cual una afirmación que incide sobre cualquier elemento de una estructura puede también incidir sobre otros elementos de esta, no importando su posición recíproca. Dicho modelo propone la inexistencia del centro y puede ser definido como un proceso para problematizar lógicas y explorar sus posibilidades. Estas características lo hacen interesante para el diseño de conexiones".

No se piense por esta cita que Novela suvenir es un engañoso artefacto científico y no una ficción sobre cómo hacer literatura: una artista la va haciendo página a página mientras uno se deja seducir por el territorio mágico que ella inventa. Esta cita de un discurso pretendidamente científico es, más bien, una de las conexiones de la que habla la cita misma, un punto en la proliferación creativa en que la novela encuentra, para asombro del lector, la enunciación de su propio principio expansivo en uno de los tantos episodios de la ficción en marcha. “Recuerdo que comencé a escribir a causa de Julio Cortázar”, dice Maria Alzira en alguna parte de la novela. Novela suvenir rinde altos cumplidos a “Rayuela” imitando su vocación por insertar creativamente sus propias máximas artísticas como insumo y provocación para el lector.

Tal inserción es de importancia central en Novela suvenir porque ella se presenta como consecuencia de un proyecto artístico que ocupó a la narradora dos meses de estadía en Veracruz, México, como beneficiaria de una beca de residencia. El texto es, en el ámbito de la ficción, la memoria de una artista, de su quehacer en un proyecto concreto de ficcionar, y en el ámbito de la realidad, el libro resultante del proyecto. Pero, como ha señalado María Alzira en más de una ocasión, si se siguen las consecuencias de pensar que un acto genera su proyección en cualquier otro, se trata más bien de dos situaciones en distintas partes del rizoma que contiene a la mente humana.

Novela suvenir es, entonces, una declaración sobre el arte de la novela y la memoria, y la memoria de un artista en esta como una ficción, o la ficción como memoria. Que estos estatutos son intercambiables, del mismo modo que resulta una prenda de lencería o una marca de cosmético, temas que son caros a la capacidad proliferante de la novela -o lo trascendente por lo intrascendente, y viceversa- lo muestra el cambio constante de registro en el discurso para referir el sitio de la residencia . En la primera página, Veracruz se explica desde el estilo prestigioso de una enciclopedia francesa del siglo XVIII: impera la precisión y la elegancia del antiguo léxico geográfico. No obstante, el rizoma crece como una planta de alquimista. El registro del mito reemplaza al de la ciencia: la tierra originalmente fue de Los Que Nunca; luego llegaron los Invasores. Quedaron remanentes de Los Que Nunca, pero también nacieron de ellos los Buitrones, fetichistas, los Limaches, filólogos, los Godba, artistas y políticos. Así, la etnografía veracruzana es una crónica contemporánea de esa convivencia entre pueblos con prácticas dispares, pero, al menos, todos ellos unánimes al aceptar que sobre sus cabezas, en la alta noche, brilla la fantasiosa Constelación del Colibrí. También rinden culto al te alucinógeno y a los Niños Santos. Y becan artistas para que desarrollen proyectos que se exponen en una gran celebración.

Conforme el rizoma se despliega, en sus intercambios y discontinuidades, la historia de Veracruz como zona de residencia artística admite disquisiciones que se adentran en una tradición histórica y mítica o se alejan de ella hacia la cotidianidad contemporánea, y aumentan las posibilidades de intercambio entre ambos orbes, uno trascendente y otro trivial, a fin de cuentas indistintos en el arte. Así, la historia de la Veracruz mágica de Alzira es también la historia de Latinoamérica. Como en nuestros pueblos, existe una crónica de los Invasores y una tradición oral de los vencidos, Los que Nunca. Pero la discordia entre ellos no la siembra la riqueza material de los naturales sino la disputa por la creatividad nativa, soberbia en ricas telas: lo horroroso de la violencia y su contraparte en la vanidad del fetiche. Del mismo modo, la crónica del consumismo en el Veracruz actual, adicto al escaparate y a la moda, permite el acceso a la crítica del capitalismo, pero simultáneamente al poder transformador y liberador de la cosmética. De este modo, lo trivial conduce a lo trascendente, lo profundo a lo superficial, lo bello a lo feo y viceversa.

No obstante, debe descartarse que la novela trate de la oscilación entre absolutos. Más bien se funda en el placentero salto entre distintos registros textuales que ofrecen en escorzo la imagen de una artista graciosamente fragmentada entre ellos en su natural ambición de moverse de uno a otro punto de una sucesión inacabable en busca de más y mejor creatividad, de una visión más interesante para mirar el mundo de las fantasías y de los hombres, uno y el mismo. Quizás el punto más alto de esta práctica se corresponde a las páginas finales del libro, en las que en la misma página el registro de una enciclopedia se transforma en el de un oscuro drama, o el contenido de un aviso publicitario se transforma en el discurso agonizante de una morena, un pez anguiliforme, que los artistas residentes han visto agonizar en unos de sus paseos sin tiempo. Para Maria Alzira Brum, el rizoma es un aleph y también un viaje continuo a la Veracruz de los sueños.

Conviene aclarar que Brum titula a esta declaración de principios estéticos Novela suvenir de modo bastante coherente. Un suvenir es un objeto baladí que los comerciantes explotan porque es obvio para el recuerdo de quien viajó. Pero el fetiche teñido de las transformaciones del alma encuentra correspondencias y reciprocidades con la humanidad total del antiguo viajero, con sus pasiones, sus misterios y sus luces y afectos. Gesto completo de un arte coherente y continuo con su sugerente visión de la condición humana, María Alzira Brum es una de las más diestras ejecutoras en esa magia de postular mundos que extrañaba el arte literario finisecular. Brum Lemos nos enseña que los fiat lux son más frecuentes de lo que pensamos; muestra que los límites se traspasan con la facilidad de un movimiento; que, postulada una visión del hombre, se puede encontrar un arte original y quizás, también, el futuro esconda una moral nueva. A modo de síntesis, viene al caso citar a Italo Calvino: “Cada ciudad adopta la forma del gran desierto al que se opone”. La Veracruz de Novela suvenir adopta la forma de un destello vivo frente a los ojos del artista sediento de imaginación nueva y mayor.


Escrito por

Alexis Iparraguirre

Escritor y crítico literario


Publicado en

La vida en Marte

Opinión y crítica literaria